No es mucho pedir que desde las instituciones públicas lleguen mensajes con cierta coherencia. No se puede por un lado obligar a las distribuidoras a doblar la mitad de las películas al catalán y que ahora se obligue a subtitular las declaraciones retransmitidas por la televisión autonómica catalana respetando la voz original de quien las realiza. La medida se estipula para que en Cataluña se tenga acceso a otros idioma y se fomente el aprendizaje de otras lenguas.
Y claro, sólo hace falta escuchar declaraciones de vez en cuando para poder hablar otro idioma con fluidez. En realidad, la medida es acertada, por más que me ría de ella. Esta misma medida debería aplicarse al cine y así nos dejaríamos de batallas entre el castellano y el catalán, que no deberían estar en guerra pero que los políticos insisten en enfrentan porque les hacen ganar votos.