
El otro día tuve una breve conversación con un joven profesor universitario de ciencias sobre el asunto Bolonia, del cual no sé absolutamente nada. Le pregunté: ¿qué te parece Bolonia?. Me respondió primero con una sonrisa y después me dijo que no pensaba mucho al respecto que eso era cosa de los de letras, seguido de otra sonrisa.
En general parecía apoyar la parte positiva de homogeneizar la educación a nivel europeo para que haya un flujo de trabajadores entre países más fluido. Se trata, en parte, de flexibilizar el sistema laboral, de que los chavales salgan del nidito de protección casero y gubernamental, y entre otras cosas vean mundo.
Me dijo que Bolonia atenta en parte con la posibilidad de compaginar estudios con un horario laboral, lo que acompañó de una mueca que claramente decía que son pocos los sacrificados que realmente tienen una obligación laboral que se vaya a ver afectada. Ciertamente ninguno de los que se están manifestado tienen ese problema, y si lo tenían, con las faltas laborales, ya no lo deben tener.